De robos,vicios y enredos

Te enredaste entre mi cana preferida y mi cuello, viciando mi escritura de tus respiraciones; que ya te cuelas en cada una de mis frases, como el niño hambriento que en la panadería no puede aguantar más y gana la cola al resto, y sube corriendo a casa, mordiendo la teta de la barra, preguntándose si esta vez mamá le dejará quedarse con la vuelta. Te hiciste un hueco en mi paleta de grises y negros y adjetivos desahuciados, con tu manera de dibujarme los labios como el adolescente que dibuja círculos en la mesa esperando a su chica, temeroso del rechazo; me diste calor en todos los meses fríos, redefiniendo conceptos que daba por perdidos, borrando huellas de pies muertos, imprimiendo las tuyas propias. Con tu forma de parar el mundo, tan corriendo, otorgaste un sentido al sonreír, uno más allá de la fuerza del compromiso, y a base de enredarte-enredarnos-enredarme has puesto todas las tristezas boca arriba; y ya no se pueden dar la vuelta, no les dejas levantar.
Bésame, bajo cualquier concepto, en todo momento; en cualquier sitio. Escríbeme para que así yo tenga qué escribir; escríbeme horizontal, vertical, diagonal, bésame como si yo fuera un alfil y tú una reina; escríbeme lento, bésame largo, o escríbeme rápido, o besame lento. O mezcla todos los conceptos en esa quimera de dientes, y dame después el total de mis ideas tergiversadas.
Roba todas las horas, tantas como te sea posible, y gástalas en mi espalda, que si te acusan de algo te defenderé; te diré muy culpable, pero por necesidad -la mía-. Cuéntales que esto no es una carta de amor, sino una de suicidio, y cuando todos me crean muerta y no me busque nadie, ven a verme; a guardarme para ti entre mis brazos, entre tus piernas.
Sigue apareciendo entre mis palabras, que aunque yo me queje de que ya no puedo escribir, estaré siempre encantada de verte.